martes, 17 de abril de 2012

DESEO EN LA PIEL


Él sabía que la vida no lo había agraciado precisamente como un hombre guapo, ni con una postura social distinguida, es más ni labia tenía el pobre. Había llegado al mundo sin armas para la conquista, para colmo la mujer que añoraba era no solo hermosa, pertenecía a una clase alta y si algo le sobraba entre tanto atributo, era justamente verbosidad.


Pero la suerte llega una vez en la vida y ese día era su turno.

Como cuento de Sherezada, caminando por la playa, mientras se lamentaba de su destino, una botella rodó a sus pies, en ella había un genio. En ese instante aquel hombre supo que si liberaba al genio, este le podía hacer realidad tres deseos, al menos eso decían los cuentos, pero él solo anhelaba una cosa en este mundo, solo algo quería en la vida y era de alguna manera estar siempre al lado de aquella amada, que ni siquiera lo miraba, deseaba no separarse jamás de su lado, vivir y morir con ella, quedarse para siempre unidos, dormir en su lecho cerca de su pecho, sentir que era suya y él parte de ella, fundir su alma a su cuerpo, estar donde ella esté… ¡Quiero ser eternamente parte de su piel!

-¿Podrás Oh, genio concederme ese deseo? Nada más que eso pretendo, ni riquezas, ni poder, solo estar para siempre en su piel.

El genio al verlo supo que ni con un hechizo lograría que se enamoraran de aquel desafortunado, torpe y grotesco hombre, pero conmovido, ante tal amor, le concedió su único deseo, que una dermatóloga se encargo de romper quitando de la piel de aquella hermosa mujer, un horrendo lunar.

LA CITA


Era en la tarde, en la casa del bosque, allí lo esperaba con un ajustado vestido rojo, sus enormes ojos muy bien maquillados, el carmín de su boca la hacía ver mas apetitosa, colgó unos pendientes en sus orejas para que se vieran mas bellas, moría de ansia y deseo por que aquel feroz, tan masculino, de vos aguda y ronca, le preguntara:
           -¿Para quién son esos ojos tan bellos? Lo imaginaba casi jadeando en su oído. Uy ¿y esas orejas tan suaves?, bajando por el escote del vestido, metiendo sus enormes manos allí y besando desesperado su boca, ¿Y esta boca tan grande para que es?.

El deseo le recorría todo el cuerpo imaginando el momento, cuando escuchó que golpeaban la puerta.
Se apresuró a acomodar su vestido, encerró a la abuela en el armario y abrió la puerta. Esta vez  era ella la que al leñador vestido de lobo se comería.

CROMOSOQUISMO


                                          

 
Cansada de esperar a su príncipe azul, salió a buscarlo en todos los pantanos de las cercanías.

Juraba a quien se encontraba, que algunos sapos eran realmente azules como los árboles y no verdes como el mar. Le costaba un poco de trabajo atraparlos, pero con el tiempo había aprendido tácticas que los atraían y ¡zaz! es sus manos caían. Al principio claro que le daba asco, pero la esperanza de verlo convertido en su sueño dorado,¿ o era plateado?, borraba toda repulsión.

Entrecerraba sus verdes ojos,  que en realidad eran azules, acercaba sus labios y los besaba, esperando el estallido de estrellas, el giro de viento, que el sapo se elevara y bajara a su brazos convertido en príncipe, al menos eso pasaba en los cuentos.

Había perdido la cuenta de cuantos besos dio, pero nada la haría renunciar a su fe ciega, de que en algún sapo el príncipe existía y que aquellos cuentos que decían: “Solo con el beso del verdadero amor de una princesa se romperá el hechizo”, se haría realidad.

Todo fue en vano, perdió una vida besando raras especies, ignorando que era, cegatona, daltónica y  no era princesa.



VERDADERA AMISTAD




Se dormían temprano, con la esperanza de que pasara rápido la noche y con el día empezaran las travesuras. Apenas amanecía corrían a encontrarse en la playa.
Sin duda aquellos chiquillos eran los mejores amigos que podían existir, tenían una especie de código para hablarse que los unía y separaba del resto de los niños, que no los entendían y jamás los integraban a sus juegos.  Entre sus diversiones favoritas estaba fingir que razonaban como los adultos imitando sus actitudes, claro, sin que estos lo notaran. Podían pasar horas platicando y riendo
El verano terminó, uno de ellos debía regresar a la ciudad con su familia. Al despedirse sellaron una promesa, de una u otra forma algún día se volverían a ver.
El tiempo pasó, ambos crecieron,  se dieron cuenta de que eran imaginarios y no pudieron verse nunca más.




martes, 6 de marzo de 2012

¿A qué se dedica usted?



-¿A qué se dedica usted?-  con tono serio preguntó la señorita tras el mostrador, debí tardar en responder ya que al mirarla noté que bajó sus lentes a la nariz y me echó un vistazo por encima de ellos, con algo de desespero y un poco de desdeño.
-Tengo un almacén. Está muy bien surtido, verá usted, son varios pasillos donde acomodados por orden alfabético se disponen cajas, frascos, y otros.                                                                   
Se preguntará ¿qué contienen?, no tengo certeza, ya que rara vez tomo un frasco de esos, a veces el olor no es agradable. Las presentaciones varían, me gusta, sepa, hacerlos sonar, tomar una cajita entre el dedo gordo, el índice y moverla, trac, trac, glup, glup, así intento saber si el contenido es líquido o sólido, pero no crea, la percepción suele engañar y luego resulta que no es lo que uno creyó que podría ser. ¿Sí me entiende usted? Me he preguntado muchas veces ¿qué hay entonces realmente en esos pasillos?, a mi ignorancia la persigue la realidad de la gente que los compra, ¡si viera cómo se venden! ellos también ignoran que contengan esos recipientes de diferentes formas, pero créame, se los zampan, se los untan, se los meten por la nariz y déjeme decirle que hasta por…bueno usted imagínelo.-
-Los almacenistas, empacan cajas enteras, sin tener idea de quién va a ser el destinatario final de cada frasco, ellos cargan camiones que hacen llegar a distintos puntos de la ciudad, donde con cuidado las personas que están por lo general del mal humor tras el mostrador, no lo digo por usted espero no se sienta aludida, ¡qué de ninguna manera son las personas tras los mostradores iguales!, le decía, más bien le explicaba que estas, tan diferente a usted, se encargan de desempacar las cajas y disponer a la vista del público el contenido de ellas. Todo en esta vida debe estar clasificado y tener un orden ¿no lo cree?, así que también el orden alfabético rige en las estanterías, aunque le confieso, a mi me apetecería más, si fuera cliente claro está, un orden, por tamaños o colores, pero la lógica ha de ponerle nombres a los componentes, que nadie sabe de donde provienen pero buscan nombres difíciles de pronunciar y aún más de recordar ¿usted entiende lo que digo? Imagino que también nos archivan a individuos de la misma manera, desconociendo nuestros contenidos, tamaños, colores, ya lo ve, necesitan un estándar y allí está el orden alfabético. Pero me desvié del tema ¿verdad?, la pregunta era ¿a qué me dedico?, y espero habérsela aclarado.-
-Mire señora no estoy para juegos, ¿podría decirme usted que tipo de almacén es el qué tiene?- esta vez me miró a los ojos y agudizó el tono de voz.
-Lamento no haber sido clara, pensé que lo era, pero veo que no es así. Vera usted, mi almacén es digamos… del tipo que tiene pasillos con anaqueles, donde hay frascos, cajas y otros, distribuidas en un correcto orden alfabético según el rotulo con un raro e impronunciable nombre.-
Desesperada la señorita, quitó las gafas de su nariz, las colocó sobre la barra, apoyó las palmas de las manos en ella y se incorporó firmemente, con severo tono y exigiéndome ¡Dígame qué contienen esos frascos de su almacén!
-Se lo he dicho no tengo idea, no podría asegurar de donde proviene su contenido, yo solo los acomodo y distribuyo a lugares donde los acomodan y los venden, ¿no se lo he explicado ya? Ahora que si lo que desea saber es el por que la gente compra esto, creo que debe ser porque se sienten bien consumiéndolos, certeza tengo de que todos los seres humanos alguna vez necesitamos uno de estos frasquitos, su contenido nos da esperanza,  ignoran de donde provenga, eso ya se lo he dicho, pero no le aclaré que también ignoran como actúan dentro de cada quien, créame tienen fe ciega en el contenido mágico que transforma el dolor, la desesperanza, en bienestar y alegría.                
La mayoría de mis clientes tienen problemas existenciales serios, que no los dejan avanzar por la vida, a algunos incluso los logra postrar en una cama, por días, años, y acuden a comprar una colección de cajas y frasquitos, se aferran a ellos como si fueran lo único que los mantiene con vida. Créame es un buen negocio.-
Prácticamente se dejó azotar en la silla, colocó sus lentes correctamente y tecleó en la pantalla, mientras leía: - Almacenista. ¿O debería poner comerciante?, no me conteste, dejémoslo así.-
-Podría agregar usted: “de ilusiones”-


sábado, 28 de enero de 2012

EL INTOLERABLE DOLOR HUMANO

Ya no hay porque sufrir en un parto ese dolor tan placido de sentir una vida dentro al momento de su nacimiento, una satisfacción antigua que pocas mujeres actuales conocen. Los pequeños pies, sus manitos intentando salir del vientre, queriendo ver la luz, un caos entre molestia, emoción, espera, angustia, gritos y fuerza, la de dos seres luchando por contemplar juntos el mismo albor.    Luego el sosiego, la calma del llanto, la alegría de las lágrimas, el dolor que olvidas rápidamente.
En estos tiempos nadie padece el dolor de una enfermedad; ese que te fortalece y obliga a detenerla, a luchar contra ella ¿cómo hacerlo si no la sientes, si no te duele? El dolor es inevitable, el sufrimiento, es cada vez más opcional de detenerlo alopáticamente. Y así avanza el terror del cáncer carcomiéndote sin que lo sientas, sin escuchar lamentos ni quejas, un invasor victorioso, que logra sublevar a cualquiera, un calvario mental mientras no sentimos las punzadas físicas.
¿Y el dolor del alma? A ese también le ponemos bloqueo cuando se quiere asomar a la luz. Nos provoca el mismo pánico que el dolor del parto, no lo conocemos y aun así preferimos evitar sentirlo, deseamos quedarnos solo en el engañoso deleite, el ilusorio bienestar o el efímero placer de la felicidad. Si por un momento este tipo de dolor al percibirlo en vez de detenerlo intentáramos luchar junto a él, aprenderíamos que tal vez este también se olvide rápidamente.
Ese dolor inevitable que optamos por no sufrirlo y al menor padecimiento o tortura lo evadimos con rutinas, vicios, llenándonos de distractores materiales, que te alejen por un instante del suplicio del alma, ese sin darnos cuenta dejamos que también nos consuma, y que junto a los miedos nos invada por dentro.
Deberíamos dejar de ver el dolor como un enemigo o un mal, de resistirnos a él y ocuparnos por entender que es una defensa natural necesaria para fortalecernos, si pensáramos que conocer el dolor es librarse de él, que solamente reconociéndolo es que no lo padecemos, tal vez así, sufriríamos menos.


viernes, 6 de enero de 2012

EL REGALO DE LOS REYES MAGOS

En la vieja casona amarilla dormían zapatos en el patio, uno al lado del otro, esperando la llegada de los reyes magos. Algunos primos juraban haber visto la pata del elefante, otros encontraban pelo de camello, descubríamos jeroglíficos firmados por Melchor, Gaspar y Baltazar.
Los cuencos que habíamos llenado con agua para los animales, quedaban regados junto a las migas de galletas que les dejábamos para que los cansados reyes comieran.
No tenía idea de cómo lograban llegar hasta allí, si era por la chimenea como Santa Claus (aunque imaginaba al elefante atorado en ella) o tal vez por la ventana, quizá tenían una llave silenciosa mágica, o simplemente aparecían ¿eran magos no?, lamenté mucho tiempo no tener un perro que les ladrara cuando los escuchara. Como no tenía quien me avisara, intenté infructuosamente permanecer despierta varias veces, para lograr verlos. Al día siguiente amanecía ansiosa, más que por los regalos, por saber si habían llegado, si se habían comido lo que les dejamos preparado, si alguna pista de su visita habían dejado.
Hoy me preguntaste - ¿Mami cuando tú eras niña existían los reyes?
Los reyes de mi infancia, eran diferentes a estos que hoy te visitan, existieron en todas las épocas y seguirán existiendo,  a mis reyes les guardo un enorme cariño, hicieron muy bien su trabajo, ¡tardé tanto en descubrirlo! No recuerdo sus regalos, pero si su presencia.
Quizá ahora no lo entiendas pero algún día podrás revelar su misterio cómo ahora yo lo hago, entonces podrás ver la verdadera magia que te ayuda a buscar el detalle que tanto esperan, sentirás la emoción de regalar ilusión, de convertirte en invisible para no hacer ruido, de sentarte a comer las delicias de un rey, y a la mañana siguiente obtendrás los regalos más hermosos que un soberano pueda recibir. Alguien vendrá a despertarte pidiéndote que te apures a levantarte porque los reyes sí llegaron, sólo entonces recibirás el verdadero regalo de los reyes magos, este viene envuelto en forma de inocencia y en caritas de ternura.
No dudes nunca que existen, están dentro de ti,  por ahora no podrás verlos, porque eres niña y ningún niño en el mundo a logrado verlos, pero crecerás y el día llegará, lo sabrás una noche, entenderás a la mañana siguiente cuáles eran los verdaderos regalos que te tenían guardados y esos jamás los olvidarás.